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viernes, 3 de julio de 2015

ALALÁ DAS MARIÑAS


 

Llevo días intentando colgaros una grabación del Alalá das Mariñas que habíamos hecho mi hijo Oscar y un servidor en casa, solamente con una gaita que ejecutaba yo, él era el técnico. La verdad es que salió muy bien. Lo hicimos así con intención de incluirlo en un futuro disco, pero ya no pudo ser,  no por falta de patrocinador, sino porque en aquellos años fue cuando me retiré del folclore porque todo derivó en lo que yo no aceptaba, estoy hablando del año 1998.

Los Alalás son unos cantos tradicionales gallegos que se interpretaban solo con la gaita y una persona que lo cantaba, incluso, a veces, era el mismo gaitero quien tocaba y cantaba. A mí me gustaban mucho, pues tenían unas cadencias gallegas muy acentuadas.

Como mis intentos han sido fallidos, os cuelgo un vídeo en el que el Grupo Milladoiro hace una introducción en el Alalà das Marinas, e intercala a Faustino Santalíces cantándolo con la zanfona. Faustino fue el que recuperó la zanfona casi olvidada en esta región, y, además, tenía un taller de gaitas. La grabación es de 1949, que ya llovió, pero fijaros en las cadencias y  que bien lo hacía. Era Licenciado en Derecho y fue nombrado Secretario del Gobernador de Ourense en 1924. En fin, un gran estudioso de nuestro folclore. 
 
Que os guste. 







 
Hasta pronto.  

domingo, 2 de marzo de 2014

FESTIVAL INTERNACIONAL DE LORIENT. PARTE DOS

 

En el post anterior decía que nos habían alojado en un Colegio Mayor. Los dormitorios  eran muy grandes, cada uno constaba de cuatro camas y cuatro taquillas o armaritos,   más una mesa de trabajo con su respectiva silla. Cada habitación estaba separada de la siguiente por unos tabiques con ruedas, seguramente adaptado para el momento,  pues éramos varios grupos en aquella planta.

Bueno. Al día siguiente, sobre las doce de la mañana tuvimos un desfile por la ciudad. Fue bonito y al mismo tiempo un poco alocado al sonar todas las músicas al mismo tiempo, aunque se guardaban las distancias reglamentarias, pero también fue muy vistoso, grupos  de danzas gallegos, bretones, irlandeses,  y sus bandas de gaitas. En fin muy bonito pero agotador.

Un día nos pusimos de acuerdo con Milladoiro en los dormitorios para no ir al comedor a cenar. Cuando veníamos de camino, en la provincia de Lugo, en Becerreà, hicimos una paradita para desayunar, y paseando por sus calles vimos una tienda de jamones,  entramos a mirar un poco y terminamos por comprar entre cuatro compañeros un jamón cuyo peso sería de 7 kgr aproximadamente, con el fin de comerlo poco a poco entre los cuatro si fuese necesario. Pero el problema era mantener el maldito jamón todo lo más discretamente posible fuera de los muchos ojos indiscretos que le miraban con buen apetito. Tengo que decir que los organizadores nos daban mucho paté y pan para alimentar el cuerpo,  y eso todos los días cansaba.  El caso es que concertamos darnos nosotros cuatro y Milladoiro,  un atracón de jamón y así evitar males mayores.  Milladoiro prometió 4 botellas de vino de  Alvariño que habían traído de la zona. Aprovechando la hora de la cena y que todo se quedaba tranquilo en los  dormitorios, empezamos el festín después de conseguir un cuchillo en la cocina del comedor. La verdad es que estaba suculento, acompañado de unas barras de pan y el vinito nos pusimos como Pepes. Al final no fueron 4 botellas, sino 9 ¡Qué mentirosillos! Nos habían dicho que solo tenían cuatro. Jajaja. Nos lo pasamos en grande y dimos buena cuenta del jamón dejando el hueso totalmente al aire….”migajas”. Cosas que pasan.

Cada día nos mandaban a una zona de la ciudad en la que teníamos que  actuar. Habíamos hecho una protesta a los organizadores por el exceso de paté con pan que nos daban para comer y cenar,  por lo que les demandamos más carne y ensaladas, faltaría más, habían demostrado un plan de comidas totalmente cutre, no exigíamos manjares pero queríamos comer.

Un día nos llevaron a visitar Saint Malo. Ahí se portaron bien. El viajecito fue precioso, dimos unos paseos por dicha ciudad que nos gustó un montón, nos llevaron a comer a un restaurante que, aunque nos ofrecieron un menú sencillo fue suficiente, además teníamos que pensar que éramos una expedición grandecita. A la tarde, retornamos para Lorient.

Todas las noches se quedaban las luces encendidas de los dormitorios, entraban y salían miembros de los grupos,  además de hacer corrillos y hablar en alto. Era imposible conciliar el sueño, fue el viaje de todos los que hice en mi vida que menos dormí. Además, al igual que hiciéramos nosotros y Milladoiro, algunos miembros de grupos habían traído embutidos para comer. Los escoceses por ejemplo, eran corpulentos y tiraban de la cuerda y con lo que les daban de comer no les llegaba, por lo que todos los días se llevaban barras de pan y se comían una especie de salchichón o chorizo…En fin. La víspera de marchar, nos obsequiaron con otro viaje, esta vez a Brest. Únicamente me queda decir, que era una hermosa ciudad, justo ese día se celebraba un mercado medieval precioso, digno de ver.

Debo deciros que todos habíamos dispuesto de alguna tarde noche libre, y sin apenas dormir, tomando mucha vitamina C efervescente para tenernos en pie, salíamos a las cervecerías a divertirnos un poco.  

Pero todo llega a su fin. Llego el día triste, el día de marchar, de volver a casa. Lo digo así porque toda la expedición teníamos una carita triste, no sé si por el viaje de vuelta o por el sueño adquirido, yo creo que era un poco de todo. En estos viajes siempre se conoce a personas que luego, seguramente  no vas a ver más y eso causa tristeza.

De la vuelta poco os puedo contar porque vine todo el camino durmiendo, únicamente abría los ojos cuando parábamos a tomar un café o a comer algo, habían sido 10 días muy intensos.



Disfrutar del vídeo  de Milladoiro.


Hasta pronto.

sábado, 25 de enero de 2014

RECUERDOS DEL FESTIVAL FOLCLÓRICO INTERNACIONAL EUROPEADE. PARTE 2


 

Hola a todos. Yo conocía un poco París pues había tenido la suerte de estar unos años antes, pero lo contaré más adelante   en otro post. Bueno. Lo que quiero decir es que nos facilitó un poco lo que pretendíamos ver y a donde queríamos ir. Por supuesto tomé la iniciativa para llevar a mis compañeros a visitar lo clásico, es decir, lo que visita casi todo el mundo que va a dicha capital. Fuimos al Arco del Triunfo, anduvimos por los Campos Elíseos; subimos a la Torre Eiffel, Plaza de la Concordia, Museo del Luvre, Notre Dame, un poquito por el rio Sena viendo a los pintores; nos acercamos hasta la Plaza del Chatelé y Sagrado Corazón. Todo caminando por lo que fue como podréis imaginaros un día agotador pero necesario si pretendíamos ver algo.

Una vez que llegamos al camping, nos metimos los cinco en nuestras tiendas de campaña, cenamos un bocadillo (no recuerdo de que era, si de jamón o mortadela….), sólo recuerdo que no nos duró 3 minutos. Eran aproximadamente las nueve de la noche y ya no salimos para nada de la tienda, nos  acomodamos y  dormimos  como lirones  de tan cansados que  estábamos.

Al día siguiente nos levantamos a las 8 de la mañana para recoger las tiendas  y demás cachivaches con el fin de seguir nuestro camino hacia Amberes. Poco a poco la gente se fue animando y cada uno contaba su experiencia en el camping y lo que habían visto de París que ya empezaba a quedar en el recuerdo. A mí lo que me quedó grabado en la mente fue una escena de un compañero haciendo una tortilla española enorme que, rodeado de los chavales del grupo, quiso dárselas de buen cocinero. No sé  dónde consiguió semejante sartén, pero lo que sí sé y vi es que había echado un litro y medio de aceite de oliva y varios kilos de patatas. La parte de los huevos fue lo mejor, pues necesitó,  según su criterio, tres docenas, total nada. Lo que sí puedo decir que clavó el tenedor en la tortilla y éste se quedó anclado como la viga de un edificio. El ataque de risa que nos dio  fue tremendo, imparable diría yo. Cuando la probamos observamos que debía tener unos diez centímetros  de grosor ¡¡¡Qué barbaridad!!!  Con tres bocados nos salía la tortilla por los ojos ¡¡¡Madre mía!!!

Comimos en un Restaurante en la frontera y a la tarde llegamos a Bruselas, casi era noche. El conductor se vio en dificultades para acertar con la calle en la cual estaba el Hostal donde íbamos a pernoctar. Como anécdota contaré que el conductor nos pidió que preguntásemos a un viandante por la calle a ver si nos facilitaba las cosas. Paró el autobús y bajó un compañero que hablaba un poquito de francés;  al primero que pasó por delante del coche le pregunto haciendo un esfuerzo tremendo entre el idioma y gestos un poco exagerados, a lo que el hombre respondió- Si hombre sí, giráis a la izquierda por esa calle y luego por la segunda a la derecha….y esa es la calle. De donde sois, de Galicia, el compañero respondió, sí, de La Coruña. “Eu son de Ourense home” (Yo soy de Orense hombre). Entró en el autobús y nos saludó a todos. Cuando emprendimos la marcha nos dio otro ataque de risa que nos era imposible parar. Decíamos…..donde no se encuentre a un gallego…. Qué casualidad más casual, un país que está lleno de belgas y el primer viandante que pasa es un gallego. ¡¡¡Hay un gallego en la luna!!!     


A la mañana siguiente y cómo último tramo, salimos con más calma hacia Amberes, nuestro destino. Llegamos más menos a la hora fijada por la organización. Nos recibieron con gran entusiasmo presentándonos a varias familias que a unos nos acogerían en sus respectivas casas y a otros los acomodaron en un Colegio.


Nos trataron a cuerpo de rey, y entre nosotros les pusimos un nombre cariñoso a las señoras de las casas, a la nuestra le llamamos mamá Jana, porque ella y la hija se llamaban igual. Otros compañeros llamaban a la señora mamá tormento, porque al parecer hablaba mucho. Y no faltaron otros que a la señora le habían puesto mamá verdura, porque al parecer, les daba siempre verdura de comer. Jajajajaja, nos dolían las muelas de reírnos. 

Vestidos con los trajes gallegos fuimos a la concentración de todos los grupos folclóricos participantes en el festival. A unos nos mandaron desfilar tocando y bailando por unas avenidas, y a otros lo mismo pero por otras calles. Por la noche actuábamos en distintas plazas no más de cuatro grupos. Así tuvimos cuatro días de desfiles y actuaciones nocturnas. Reconozco que hubo muy buena camaradería por parte de todos los grupos, además de haber conocido unas cuantas personas extraordinarias, lo que casi siempre ocurre en este tipo de certámenes.

Don Luís Cagiao era el jefe de la expedición, un hombre delgado y no muy alto, tenía una personalidad envidiable, en varias ocasiones tuvo que llamar al orden a varios componentes del grupo, sin levantar la voz y con una educación extrema, doblegaba a los muchachos que eran un poco indisciplinados.

Pues no quedaba otra que emprender el camino de vuelta a casa, generalmente, los caminos de vuelta son un poco tristes, pues se suele venir con los recuerdos muy recientes, y cuando se acaba la fiesta…..pues ya se sabe.

Os cuelgo estos dos videos para que conozcáis un poco el festival. Haciendo constar que cada año se celebra en un país distinto.
Hasta pronto.